Archivo de la categoría: Reflexiones terapéuticas

Gemelos solitarios y teoría del apego

Los efectos de un trauma intrauterino, como puede ser la pérdida de un gemelo, tienen un efecto en el vínculo materno, incluso en el paterno.

Si bien un buen soporte durante el embarazo y la infancia mitigará la sensación de vulnerabilidad del niño después de la experiencia traumática, se produce una demanda del bebé a los padres que habitualmente no podrá ser entendida, ya que al no ser testigos de lo ocurrido, no podrán entender los motivos de la desesperación del bebé.

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Sobre nuestros lados femenino y masculino

Supongo que es tentador, si la única herramienta que tienes es un martillo, tratar todo como si fuera un clavo.

Abraham H. Maslow, 1966, The Psychology of Science: A Reconnaissance

Impactados por el concepto de implicación sistémica, he identificado el riesgo en las formaciones de constelaciones familiares, de que los alumnos tiendan a solventar la complejidad estructural del ser humano a través de un reduccionismo simplista. La persona deja de ser algo con un lado masculino y un lado femenino, de tantas diferentes proporciones y maneras como personas existen, para ser el resultado de la aritmética sistémica. Siendo sin duda para un facilitador de constelaciones necesaria la capacidad de aprender la mirada sistémica, nunca debería ésta convertirse en su única compresión.

No voy a entrar en temas tan extremos como la explicación de la homosexualidad, entre otros, que da Hellinger, ya que creo que la gran mayoría de consteladores sentimos que fue demasiado lejos cuando convierte las implicaciones sistémicas en la única razón de la orientación sexual. Y para un psicólogo, esta explicación no resuelve dilemas clásicos como el del determinismo. Pero valga este caso para ilustrar el objeto de mi reflexión.

Dado que todos tenemos un lado masculino y femenino, en diferente manera, y esto no es resultado de ninguna interacción con el sistema familiar, siempre se puede optar por una visión por partes que contenga toda la estructura del ser (por ejemplo, representando a la parte femenina y a la masculina por separado, si esto es necesario para el trabajo terapéutico) sin escrutar de entrada implicaciones con alguien del sistema. Eso es para mi un buen enfoque fenomenológico. Y propongo pasar a concebir el ser y su diferente composición masculino – femenino como su esencia… y que de ahí, las peticiones de los consultantes nos ofrezcan aquellos casos, en los que la resolución de una implicación puede dar un nuevo equilibrio al sistema y más felicidad al consultante.

Relaciones sistémicas

Couple Washing Car

Un humano desarrolla relaciones con otros humanos. Pero también establece relaciones con objetos. Algunas de estas relaciones son especialmente intensas, pero cambian de persona a persona.

Sin ir más lejos, el otro día protagonizé un encontronazo con mi vecino alemán, que llamó a mi puerta a una hora intempestiva, visiblemente exaltado por tener que llamarme la atención debido a la enésima marca que la apertura de las puertas de los acompañantes de mi coche dejaba en su impecable, y esta vez recién pintada, carrocería de Mercedes-Benz.

Está claro que Herr Vecino y yo no tenemos la misma relación con nuestro coche. Sigue leyendo Relaciones sistémicas

El terapeuta detrás de los mensajes contradictorios

Hay dos temas tratados habitualmente en terapia y crecimiento personal. El primero es la necesidad de aprender a defender nuestras fronteras, límites y ritmo. Hay muchos libros que hablan de la importancia de saber decir “no”.

El segundo es que la creatividad y las cosas mágicas que ocurren fuera de la zona de confort. Así mismo, hay mucha, mucha literatura sobre las ventajas de superar los miedos. Es decir, ir más allá de nuestros límites y no dejar que nuestros miedos impidan nuestro crecimiento.

Bien… ¿cómo integrar estos dos mensajes aparentemente contradictorios? Sigue leyendo El terapeuta detrás de los mensajes contradictorios

Los representantes, el campo, y la formación de los facilitadores

Los representantes pueden conectarse con el campo y percibir un montón de cosas del miembro al que representan. Este hecho es tan sorprendente, y tan atractivo, que quizás ponemos ahí toda la atención. En ninguna constelación de las decenas que he presenciado, y en ninguna explicación o curso, he obtenido una descripción completa y exhaustiva de lo que es un representante. Sigue leyendo Los representantes, el campo, y la formación de los facilitadores

Guerra, violencia, trauma y alma

Provocar a otros un daño psicológico y emocional es tan común que la mayor parte de nosotros no queremos ver lo que realmente está pasando.

[…]

Con respecto al alma, en la guerra no hay ganadores reales; solo perdedores. Los conflictos entre humanos no pueden resolverse con violencia; esto solo es una de las ilusiones, producto del trauma.

De igual manera, cuando reconocemos la existencia y la realidad del trauma psicológico y emocional, ya no podemos ignorar toda la violencia que cometen los seres humanos en tiempos de paz.

[…]

La guerra y la violencia dentro de la familia son fundamentalmente, más que cualquier catástrofe natural o accidente, responsables de la traumatización (Herman, 2003).

 

Franz Ruppert – Trauma, vínculo y constelaciones familiares.

La fobia a la dependencia

dependencia

Hace unos días, veía una entrevista en la televisión a un psicólogo que acababa de publicar un libro con claves para conseguir la felicidad. Valga la pena decir que algunos (hombres/mujeres, no psicólogos) llevan toda la vida buscándola y que no creo que un solo libro vaya a abrir las puertas del cielo a nadie, dada la complejidad de esta vida y de este mundo. Puedo aceptar que se empieza por un libro, pero creo que habría que medir un “poco mucho” las expectativas que crea el mensaje tan evidentemente marcado por un asesor de marketing con muchos menos conocimientos terapéuticos o filosóficos que mi veneradísimo Andreu Buenafuente, quien llevaba la entrevista.

Parece ser que dicho psicólogo es un amante de los lemas. Explico que la fuerza de la síntesis de un lema era su mayor virtud. Al principio dije “pues si, ¡qué útil esto de poder tener sabiduría o un consejo comprimido en una cápsula que puedas utilizar rápida y fácilmente, y por tanto aplicar allí donde estés!”… hasta que empezaron a pasar los lemas que el libro contenía por la pantalla gigante situada detrás de entrevistador y entrevistado. Allí estaba.

“Te quiero, pero no te necesito”

No me gustó. En aquel momento ya sabía que el tema era mucho más complicado, y le he estado dando vueltas toda la puñetera media semana. Voy a asumir una conexión aquí, que es que la necesidad de la que se habla en este lema es la que viene de la archifamosa y conocidísima dependencia (la más marcada acostumbra a ser la de pareja, pero existe en cualquier tipo de relación con persona o cosa). Es uno de los temas más masticados en los libros de autoayuda. De hecho, seguro que hay libros enteros hablando de lo mala que es la dependencia.

Una de las clases más chocantes y que más me costó encajar de la formación en constelaciones familiares a la que asisto como oyente, fue una sobre la pareja. En ella se realiza un ejercicio: se pone un representante para un futura pareja, que sea bien independiente, enfrente del alumno, y se deja fluir el movimiento. Una muy buena amiga me contaba lo que había sentido. Al principio, atracción. Que guay, este tío no depende de mí. Pero luego la cosa se torció: no había manera de llegar a él. Es impresionante la nitidez con la que la esencia se muestra en constelaciones familiares. Ahí no hay cabeza, no hay filtros. Hay movimientos del espíritu y del corazón.

La segunda parte del ejercicio consiste en repetir con un representante para una futura pareja, que sea dependiente. Aun me meo de risa recordando mi reacción cuando mi amiga me lo contó (explicó esta segunda parte del ejercicio en primer lugar). “Claaaaaaro, pa que veas que chungo que es con alguien dependiente”, pensé. ¿Os imagináis qué le ocurre a quién hace el ejercicio, no?

Que puede llegar al otro.

¿Por qué? Pues porque somos humanos, señores.

A nadie se le ocurriría decir que no necesitamos aire, comida y agua para vivir. Pero a veces, parece que podamos vivir sin vínculos. Parece que podamos vivir sin amor. ¿A dónde hemos llegado?

Vamos a hilar bien fino. Porque precisamente el problema de un lema es su aclamada mejor virtud: que es corto, demasiado. Es la misma razón por la que no se puede encontrar la felicidad en un solo libro, en una sola sesión de yoga, en una sola meditación, en una sola sesión de psicoterapia o de constelaciones familiares (aunque estas son muy rápidas 🙂 ). La vida es compleja de narices siempre. Que sea complicada o no depende de nosotros. Pero compleja, lo es, y mucho. Y no depende de ti. Y aprender (la única manera que conozco de llegar a la felicidad) lleva tiempo.

Lo primero en este tema es eliminar las demasiado presentes ambigüedades o imprecisiones lingüísticas, ya que creo que no se avanza en esta tema en parte porque no nos entendemos. Llamamos dependencia a demasiadas cosas, cosa que va de fábula para usar la idea “la dependencia es mala” como una defensa psicológica. Esta es la otra parte por la que no se avanza en este tema. 🙂

La primera acepción de dependencia en el diccionario de la RAE es “Subordinación a un poder mayor.” Aunque la acepción correspondiente a medicina y psicología recita “Necesidad compulsiva de alguna sustancia, como alcohol, tabaco o drogas, para experimentar sus efectos o calmar el malestar producido por su privación.”

Incluso ahora, cuando he leído la definición, he dudado de lo que iba a escribir en esta entrada. Joder, un poder mayor. Que chungo. Que dependiente. Con la de veces que he leído qué mala es la dependencia en los libros de autoayuda.

Vale, respiremos hondo. ¿Acaso este mundo, con todo lo que tú, pequeño humano, necesitas para vivir, no es un poder mayor? Es malo ser dependiente, pero luego creo en Dios, Buda, o el capitalismo, que claaaaro, no son poderes mayores que tú.

Dependes de la tierra, su alimento, su agua, su luz, su aire y todo lo que está involucrado en su producción para vivir.

En el terreno emocional, necesitas vincularte. Recuerdo una sesión con mi superterapeuta Laura. Me decía: los niños que son queridos, y los que son maltratados, viven. Los que mueren son los que son ignorados. Lo contrario del amor no es el odio, puesto que estas son dos posibilidades de vinculación. Quien odia decide seguir vinculado. Lo contrario del amor es la indiferencia, que no el desprecio.

Porque por definición, y como reza la teoría de las constelaciones familiares, no estarías aquí si tus padres no se hubieran vinculado. Aunque seas un hijo no deseado. Te crearon con un vínculo entre ellos, aunque durará solo unos segundos de pasión sexual. Y al hacerlo, buscándolo o no, crearon un vínculo contigo.

Sin vínculo, no estarías aquí. Desaparecerías.

Y encima, como padres, son un poder mayor, porque te hicieron el único regalo que nunca vas a poder devolver: la vida. Precisamente este regalo hace el vínculo indestructible (que no la relación), hasta que alguien consiga dar a luz a sus propios padres antes de que le den a luz a él.

O sea, que resulta que las cosas que dan y sustentan la vida, son vínculos de dependencia con poderes mayores.

¿Y qué vas a intentar con esto de que la dependencia es mala? ¿Dejarlo aquí? ¿No tener más vínculos?

Pues tampoco te va a funcionar, porque como animales sociales, necesitamos compañía, charla, cariño, contacto, y hasta sexo, en intervalos regulares. Y olvídate de pensar que puedes conseguirlos sin vínculos. Te dejarán seco, extenuado y solo en poco tiempo. Y si eres altamente sensible, ni te cuento.

El problema aquí es estar de culo con el mundo. Estar de culo con la vida. Y creernos que podemos sin ellos.

Y decir que “no te necesito”, es la misma actitud.

Porque si que te necesito. Te necesito, familiar, amigo/a, pareja, compañero de trabajo o de hobby, para conseguir algo. Y ojo, no me estoy yendo a lo material. Me limito a hablar sobre conseguir lo que el libro de lemas supuestamente ayuda a conseguir: la felicidad.

Hay un importantísimo matiz aquí. Lo que de verdad se necesita, es el vínculo que estas personas dan. Cierto es que de la misma manera que si una fuente no da agua, buscarás otra, puedes buscar otra persona. Y de hecho, un signo de la mala dependencia es la incapacidad para darte cuenta que una fuente está seca y seguir pidiendo peras al olmo. No sé si nos entendemos. Una cosa es la dependencia y otra es apostar para que una fuente vuelva a brotar arriesgando morir de sed, conceptos que se confunden muy muy a menudo. Eso no tiene nada que ver con la dependencia, tiene que ver con la incapacidad de tener una percepción real de la situación. Y eso es un tema muy profundo.

Pero no jodamos, la dependencia en su primera acepción de la RAE, no es mala. Es donde se fundamenta la vida. Y encima, como a la dependencia se la supone mala, la solución es la independencia. Pues lo estamos arreglando de narices.

Porque de lo que habla esta entrada es de abrir el corazón. Fuente de felicidad.

Lo estamos arreglando de narices porque estamos sirviendo en bandeja que la gente se cierre y se suba al carro fácil de tener una posición arrogante ante la vida y el mundo. Al proclamar lo independientes que tenemos que ser en nuestras relaciones,  ya tenemos excusa para no mirar, y este es el quid de la cuestión, por qué no toleramos la dependencia. Por qué no sostenemos el estar sometidos a un poder mayor. Que me da miedo hasta a mi mientras lo escribo. Si te gusta la psicología o las terapias, con estas dos últimas frases ya estarás mirando en la dirección buena. Y si no te gustan, búscate un terapeuta, que nosotros también dependemos de nuestros clientes para vivir. Incluso el que ha escrito el libro con el lema “no te necesito” necesita a sus compradores para vivir.

Un posible motivo para rechazar la dependencia (o no aceptar nuestra necesidad de los demás), a parte de eventuales traumas graves, es que entonces hay que sentir. Y hay que trabajar. Vamos, que hay que ir al gimnasio un par de veces por semana. Lo de pagar solo la cuota no funciona.

Permitidme la analogía: decir que la dependencia es mala, que no te necesito, es como vender la idea que pagando el gimnasio vas a reducir michelines. No funciona. No es verdad. No es suficiente.

Se necesita esfuerzo para reducir michelines. Se necesita esfuerzo para ser feliz. Y para ser feliz necesitas a los demás. Y todo eso que necesitas de los demás (compañía, cariño,…) son poderes superiores. Lo son porque no puedes vivir sin ellos. Y ellos sí sin ti. Esa es la definición de dependencia. Una relación en la que necesitas algo que no necesita de ti.

Pues es lo que hay, la vida es así. Eres dependiente. Y cuánto antes lo aceptes, antes podrás dar el siguiente paso, que es el que evitas dar cuando abogas por las virtudes de la independencia.

Espero que al lector le quede claro que de lo que exactamente hablo aquí es que el problema es llevar la no dependencia hasta el extremo en el que se convierta en la excusa perfecta para no trabajar en, o no tener, vínculos con los demás. Porque aunque te haga sentir poderoso (es como funciona la arrogancia) la independencia (como una fortaleza inexpugnable) es pan para hoy y hambre para mañana: te estás dejando de nutrir de lo necesario. No hay el intercambio necesario para la vida. No hablo de dejarse de cuidar y que lo hagan los demás. Eso es tener morro, no ser dependiente.

Aceptar tu necesidad de los demás, tu dependencia de ellos, implica asumir una gran responsabilidad. Contigo, porque tendrás que saber cuidar los vínculos y trabajar en ti cuando algo no funcione. Y esa es la mejor motivación para ser un adulto responsable de tu propia vida: desde la entereza, puedes dar lo mejor de ti, y, en el intercambio del vínculo, puedes recibir lo mejor de lo que la vida tiene para ti. Pero dependes del vínculo para recibir. Confundimos demasiadas veces la madurez, la responsabilidad, con la independencia.

La madurez es el estado en el que me puedo vincular a fondo, y dar y recibir lo mejor. Para que eso pueda darse, tengo que tener una visión interna real: que dependo, que necesito, de cosas y personas para ser feliz. Desde esa humildad, se produce la magia y el crecimiento.

El problema de aceptar la dependencia es que supone aceptar riesgos. Y ahí viene una segunda responsabilidad que hay que asumir: la de tener criterio para escoger las mejores fuentes.

Y aún existe una tercera responsabilidad a asumir: la de ser suficientemente autónomo desarrollando herramientas para sobrevivir a los desastres emocionales. En el símil de la fuente, en caso de desastre natural (los emocionales son un tipo de desastre natural) la fuente puede secarse y hay que tener una cantimplora con reservas para poder llegar a la siguiente fuente.  La autonomía es la capacidad de mantener funcionando algo sin estar conectado a su fuente durante un tiempo limitado. La independencia es no necesitar nunca agua. Y que nadie piense aquí que la autonomía en el terreno emocional es del tipo “un clavo quita otro clavo”. Eso es ser “no autónomo”.

Y digo “no autónomo” porque los antónimos para autónomo precisamente son dependientesubordinado, que ya hemos visto que sí somos. Este punto me encanta. El punto en el que el lenguaje refleja el esquema mental existente. Aquí van las definiciones de la RAE para autonomía:

1. f. Potestad que dentro de un Estado tienen municipios, provincias, regiones u otras entidades, para regirse mediante normas y órganos de gobierno propios.

2. f. Condición de quien, para ciertas cosas, no depende de nadie.

3. f. comunidad autónoma.

4. f. Máximo recorrido que puede efectuar un vehículo sin repostar.

5. f. Tiempo máximo que puede funcionar un aparato sin repostar.

Fijaros que la autonomía no es una libertad o independencia absoluta. Sino no habría conflicto en Cataluña. La autonomía está supeditada a una estructura mayor (un poder superior) o limitada en tiempo, distancia o funciones (acepción 2).

Como el antónimo de autonomía, es dependencia, es fácil caer en la trampa que entonces autonomía e independencia son sinónimos. Y no lo son.

Normal entonces que no sepamos distinguir entre independencia y autonomía. Pero lo grave, es que en los libros se diga “Te quiero, pero no te necesito”. Ergo, “Te quiero, pero soy independiente”, en lugar de “Te quiero, pero podría funcionar un rato sin ti hasta que encontrase a otra persona que me da lo que tú me das, aunque yo preferiría que me lo siguieses dando tú, porque me gustas, ya nos hemos pillado el tranquilo, y me he acostumbrado a ti”.

Claro, ya lo entiendo. El problema son las frases largas. Pues la estamos cagando bien señores, porque en el resumen, en el lema, se pierde información esencial.

¿Sabéis porqué, quizás, la gente está volviendo al vinilo, a parte de porque es retro y cool? Porque suena mejor. Lo analógico contiene toda la información. Lo digital, solo un montón de pellizcos de ella. Lo digital lo puedes llevar en un mp3. Pero has perdido información. Lo pequeño es práctico. Pero quizás no es completo. Y cuando en la pérdida te has llevado matices esenciales, la estás fastidiando por completo: el mensaje que llega no es el que querías dar.

Somos animales dependientes. Y una de las dependencias más fuertes, es con los demás. Si puedes estar en paz con esto, notarás una gran paz interior, estarás en sintonía con la vida. Peeeeeeero, hay personas que hemos necesitado un montón de tiempo, energía y dinero en crecimiento personal para entender qué nos daba miedo de ser dependientes. No es mi objetivo en esta entrada entrar en los posibles motivos. Lo que digo es que frecuentemente, no se puede aceptar la idea y punto. Si es tu caso, tienes trabajo para hacer por delante. De ti depende hacerlo o no, porque la paz viene cuando el trabajo realizado te permita abrazar esta idea sin sentirte en peligro.

Y podemos desarrollar un gran nivel de buen criterio y autonomía, para:

1. Buscar las mejores fuentes de aquello que necesitamos. Quizás puedes encontrar una nueva fuente de agua más pura, de mejor sabor, más nutritiva, y más cerca de tu casa. O quizás puedes darte cuenta que es el peral el que da peras, no el olmo.

2. Sobrevivir a los momentos en los que la fuente se seca o peral deja de dar peras, hasta que encontremos su sustituto.

Pero ¡ojo! la autonomía no es nuestro estado natural. Podemos serlo de forma temporal, hasta que encontremos la siguiente gasolinera, de la misma manera que un coche depende de una fuente de energía para funcionar, aunque sea autónomo entre repostajes.

Y si bien un coche cumple la función para la que ha sido pensado en su autonomía, no es lo mismo para los seres humanos.

Para nosotros, la independencia emocional es siempre transitoria y está más al servicio de la supervivencia que de una vida fluida. En los vínculos humanos, esta es incomunicación, cierre, hambre emocional y en el extremo, muerte. Insistir en quedarse en la independencia, hace muy infeliz.

Como podéis ver, he necesitado hasta el momento la friolera de 2772 palabras para explicar la complejidad del término dependencia y porque las ideas “la dependencia es mala” o “no te necesito” son dañinas. Estoy convencido que alguien con mayor capacidad de síntesis que yo puede acortar el texto, pero es imposible meter todo esto en un lema de una frase. Hacer eso es peligroso y dañino para los que buscan respuestas a su infelicidad, que son los que precisamente van a comprar un libro que hable sobre las claves de como ser feliz.